Esperar para empezar

Quiero hoy trasmitir una experiencia sobre los jóvenes y el futuro…

A menudo los padres suelen manifestar en relación a sus hijos: “Trabajo para dejarles un futuro”.    Dedican su esfuerzo para armar “un futuro”, cabe preguntarse varias cuestiones: ¿cuál consideran que puede ser el mejor futuro para sus hijos?, ¿saben qué futuro imaginan sus hijos para ellos mismos?, ¿qué desean? En todos caso, ¿saben si han logrado imaginarlo, diseñarlo o quizás apenas, trazar unas líneas?…. Podemos decir que el hombre del futuro somos nosotros, la población activa del siglo XXI.  Nuestros abuelos y padres hablaban del hombre del futuro, aún así muchas de las condiciones de la actualidad les resultaban impensadas.

Pensar que podemos forjar el futuro de otros, aunque esos otros sean nuestros hijos, parece ser un tanto omnipotente.  Si tal vez, asegurar el futuro es cargar la cuenta bancaria, se necesitará de un joven que valore y pueda operar productivamente sus bienes.  Definitivamente el valor se encuentra centrado en el ser y no en el tener.

Las seguridades que la contención familiar brindan desde el nacimiento y el sistema escolar ofrece hasta los diecisiete años, comienzan a esfumarse con el egreso del nivel secundario.  El adolescente descubre que tiene en sus manos la oportunidad de tomar decisiones sobre su futuro: existen quienes adquirieron cierta claridad identificando prontamente su talento natural y deseo; existen quienes no logran descubrir su potencial y conjuntamente, en ambos casos, puede manifestarse incertidumbre o idealización respecto al modo, los medios y los caminos para motorizar ese “tan ansiado futuro”. Entendiendo “ansiado” por las ansias propias de concretarlo y por los sentimientos negativos intrínsecos a la ansiedad, tales como el miedo, la angustia, el estrés…

Ahora bien, en el andar de mi actividad profesional, recurrentemente diversos adolescentes, en situación de egreso explicitaron sentirse confusos sobre “Qué harían en su futuro inmediato”. Ante la indagación, podían describir con claridad su ideal y delimitar con un poco más de esfuerzo los modos de concreción.  Sin embargo, la duda aparecía fuertemente cuando a esas opciones se le sumaban los mensajes paternos:  “No te veo en esa carrera”, “Si no toleras un pinchazo, cómo vas a ser médico”,  “Antes de seguir esa carrera empezá por aquella otra, y después ves”, “No tenés futuro estudiando esa carrera”…

Las negativas surcan fracasos, aplazos, postergaciones.  Preguntarnos como padres, qué tiene en mira nuestro hijo y percatar cómo mira el mundo, es primordial.  Reconocer que el futuro adquiere el diseño del protagonistas, comprender que lo que podemos ofrecerle son oportunidades, valores basados fundamentalmente en la autoestima, la autodeterminación y el respeto por el talento natural que cada quien porta. El futuro no se los dejamos, ellos lo tienen desde el momento que nacieron, simplemente somos estimuladores, contenedores y facilitadores que acompañan amorosamente, sabiendo que el futuro no se hereda, se construye…

Le transmito con alegría a mis alumnos: “Cómo dijo el prócer, serás lo que debes ser o no serás nada, y yo agrego nada que te haga realmente Feliz.  Concreta lo que tienes en mira, mira con tus ojos, descubre que es posible. Empieza, no tomes atajos, evita esperar para empezar a ser quien eres y a hacer los que quieres hacer para ser quien sueñas.  Ya comenzaste a ser hace diecisiete años, y hoy eres la maravillosa persona que tengo ante mis ojos, prosigue el futuro es tuyo”.

Autora: Mercedes Malosetti – Team coaching

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