Todas las palabras son mágicas

El significado de las palabras no es obvio y no da lo mismo usarlas en un sentido u otro. Tenemos que hacernos cargo de nuestras elecciones: qué digo, cómo lo digo y cuándo lo digo.

También de los silencios.

Cuántas veces se ha alterado el curso de una historia porque alguien dijo lo que dijo. O porque calló.

Las palabras han sido convenidas por una cultura, pero tienen la carga histórica de la persona que las usa. Evocan emociones, aprendizajes y vivencias únicas de ese individuo.

Las distinciones lingüísticas

Según Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje, las conversaciones se podrían intervenir si se entiende que están constituidas por ciertas acciones que ejecutamos:

Afirmaciones: Son proposiciones acerca de lo que observamos y que la comunidad comparte como “veraces”. Pueden ser verdaderas o falsas. Cuando uno negocia, debe estar atento a que las afirmaciones propias y de la contraparte sean verdaderas y relevantes. Por ejemplo, “es la tercera vez que no cumples”

Juicios: Equivalen a las opiniones y evaluaciones que hace un observador. Pueden ser fundados o infundados, dependiendo de si la persona los fundamenta y siempre están sometidos a la aceptación de la contraparte. En una negociación, un juicio podría ser “nunca cumples tus promesas”.

Declaraciones: Generan mundos nuevos como sucede en una declaración de independencia. Están relacionadas con el poder o autoridad que se tiene para hacer cumplir la declaración. Serán válidas o inválidas dependiendo de quién.

Fuente: Trabajando.com

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